¡Allá vamos!

"Nueva crónica y buen gobierno" de Guamán Poma de Ayala

Publicado: 2010-09-05

La escritura de Guamán Poma puede entenderse como una respuesta a los cambios producidos en el virreinato del Perú por obra del virrey Toledo. Siguiendo el mandato de transformar el Perú en una colonia productiva, después del caos de las guerras civiles, Toledo logró implantar de lleno y por primera vez un poder político y religioso estable.

Entre 1571 y 1572, envía una expedición al estado neoinca de Vilcabamba, que logró aniquilar a Túpac Amaru (murió sin descendientes) y derrotar la resistencia. Como parte de su proyecto, Toledo desmantela además las bases de la nobleza inca tradicional (a muchos de ellos los exilia a España), y reorganiza el sistema de caciques: crea una nueva capa de curacas que, a los ojos de críticos como el mismo Guamán Poma, goza de menos legitimidad que la antigua nobleza inca, desterrada y desarticulada.

Guamán Poma es, sobre todo, un activista pro-indígena que lucha por devolverle la fuerza de antaño a esta nobleza, de la cual él, por cierto, se considera parte. Guamán Poma actúa, entonces, en pos de su propio derecho dinástico, pero en 1600 pierde los numerosos litigios en los que estaba envuelto y, sin depositar más su confianza en el sistema legal español, al que considera injusto y corrupto, pone todo su empeño en la escritura como un modo de dar voz a sus reclamos y a los de los grupos por él defendidos.

Se ha descrito la "Nueva crónica" como un texto heterogéneo; lo cierto es que lo es en el sentido de que asimila múltiples modelos textuales que se van ensamblando y superponiendo de modo proliferante. Algunos de estos modelos son: los sermones (sabemos que Guamán Poma conoció los sermones de Fray Luis de Granada), el catecismo del tercer concilio limense, las relaciones geográficas (en especial para los recorridos por ciudades), la historiografía renacentista. La presencia de Las Casas, sobre todo ideológica (el “Tratado de las doce dudas” es una referencia ineludible), es notoria, así como también la de Cieza. El diálogo renacentista se deja percibir en el texto, también las cronologías: esto último, en el intento de Guamán Poma por coordenar las diferentes maneras existentes para contabilizar las edades de la humanidad, como el sistema judeocristiano y el andino, que tenían más de un punto de discordia entre sí.

Esta multiplicidad de modelos revela, por parte del autor, una utilización consciente y deliberada de toda una tradición occidental. Y esa utilización es sintomática de la clase de intelectuales a la que Guamán Poma pertenece: los intelectuales indígenas, los indios ladinos o europeizados que propugnan, sí, un programa de aculturación, y que se diferencian de otro tipo de intelectual indígena: el que propone un regreso absoluto a las raíces andinas, el que busca una salida (quizá inexistente dadas las circunstancias de la época) a la situación colonial.

Como un intelectual de esta categoría, Guamán Poma es autor de una obra que ha sido objeto de lecturas también múltiples, aunque quizá parciales. Franklin Pease la leyó desde la etnohistoria; López-Baralt se concentró en el simbolismo de las imágenes; pero quizá su unidad esté dada, siguiendo las ideas de Rolena Adorno en su último libro “The Polemics of Possession”, por un afán polémico.

El referente polémico de Guamán Poma sería, en este caso, el corpus entero de la literatura colonial, pero en especial los textos toledanos y post-toledanos (denominación de Porras Barrenechea), es decir, los que legitiman la presencia española. En este grupo de textos, hay algunos que ensalzan el pasado inca (como Garcilaso), ofreciendo una visión cuzco-céntrica que Guamán Poma, como heredero de una nobleza andina no inca (los yarovilca), está más que dispuesto a cuestionar. Otros textos del grupo son los abiertamente anti-andinos y anti-incaicos, como el de Sarmiento de Gamboa, que los representa como tiranos. Así, Guamán Poma imita diversos géneros coloniales, y en esa imitación los manipula y los subvierte, como ocurre en el diálogo entre el mismo Guamán Poma y Felipe II. Por esta razón, podríamos hablar aquí de una imitación heurística, el mismo procedimiento que “La Araucana” emplea en relación con la épica.

Planteado este afán polémico que recorrería la totalidad de la “Nueva crónica”, es necesario discutir con más atención las bases ideológicas de la polémica. Claramente, Guamán Poma se alinea con el texto más radical de Las Casas, el “Tratado de las doce dudas”. Las Casas escribe este tratado alrededor de 1560, en el contexto de su oposición a la compra de las encomiendas en el Perú: incluso se ocupa de organizar a los curacas, y de proponer una contra-oferta. Para combatir la fuerte influencia de Las Casas, Toledo le encomienda escribir a Sarmiento de Gamboa, enemigo también de Guamán Poma. En el “Tratado de las doce dudas”, se plantea el derecho natural al señorío, propuesta que Guamán Poma retoma.

En pocas palabras, los españoles son vistos por Las Casas como extranjeros sin derecho natural, agentes de una conquista y una colonización que aparecen como ilegales. Dentro de la argumentación jurídica del dominico, la ilegalidad obliga a una restitución de propiedades y riquezas, a una cantidad de reparaciones y a la retirada total de los españoles afincados en América. Guamán Poma retoma esta argumentación, pero la combina con conceptos andinos: por ejemplo, al emplear la categoría de “mitimaes” para referirse a los españoles. Es en ejemplos como éste donde puede observarse la hibridez del pensamiento del autor, que a la vez que se alía con programas no indígenas, los basa siempre en concepciones autóctonas (como ocurre en su visión del espacio, tema tan comentado).


Escrito por

Luis Hernán Castañeda

Escritor. He publicado las novelas "Casa de islandia", "Hotel Europa", "El futuro de mi cuerpo" y "La noche americana".


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